Es así como dices amigo Vicente, en tu escrito de ayer en El País: el libro constituye un bien significativo de una determinada cultura -que no sé si está dasapareciendo como comentas, o se está transformando en muchas otras nuevas culturas. Estoy de acuerdo en que la vida del libro es exigua en el angosto y hasta alicatado ocio actual y que el fin del libro y la lectura no proceden, en especial, de la educación deficiente, la impericia de las editoriales o una siembra de cizaña (¿televisión?, ¿videojuegos?)… Que simplemente, van a menos porque no encuentran suelo donde arraigar ni espacio donde esponjarse.
El libro, más o menos bien de una determinada cultura (cada vez más atenta a los fenómenos audiovisuales como se puede ver), en ese sentido me preocupa menos: allá él mientras presente batalla con sus propios argumentos. Claro que me daría pena que desaparecieran y claro que me gusta olisquear un incunable cuando lo tengo entre las manos por el sólo placer de olfatear un pasado de siglos, pero todo gira en torno al llenado de los tiempos muertos: creo que ese es el centro de tu reflexión: “Los momentos en que aún se lee se obtienen de intersticios de una construcción cuya fachada central repele lo libresco como materia ajena a su iluminación natural. Se lee, efectivamente, en los cantones del sistema, en los estrechos itinerarios de transporte público, en los puentes o en las vacaciones, en los tiempos muertos.” Desde este territorio -el de los tiempos muertos: pienso que el libro lo tiene jodido, que la prensa de pago tradicional lo tiene jodido… ¿Pero que pasa con estas nuevas culturas que no tienen esos tiempos muertos o no los viven igual?
Lo que sucede es que la lectura es un bien siempre: los soportes cambian, ya sabes, pero la lectura permanece. La determinada cultura la que te refieres, que tiene el libro como más o menos un bien, también produce tiempos muertos a la vez que no deja tiempo para nada más. El problema es la determinada cultura… Esa determinada cultura lo tiene francamente jodido: las tribulaciones a las que está siendo sometida, también por los avances tecnológicos, la van a dejar irreconocible; por no hablar del agua, los recursos energéticos y el cambio climático. Que sí. Que todos estamos de acuerdo que hay problemas con la distribución, que el ipod de los libros ya está tardando, que la SGAE y CEDRO… Pero tenemos la suerte de estar asistiendo al nacimiento de otras nuevas culturas, al choque entre ellas. Nuevas culturas que quizás no alimentan tantos tiempos muertos y sí a lo mejor más tiempo para hacer cosas como por ejemplo leer (en un pepino, si es necesario). Hay nuevas culturas que no viven sus tiempos muertos como tu sugieres. Que no sienten muertos estos tiempos…
Estas nuevas culturas no son como la determinada cultura que comentas. Estas nuevas culturas están ensayando. Y estas nuevas culturas leen, te lo aseguro: leen mucho. ¿Todo en libros? No seguramente. Y sí, me temo leen mucho sobre videojuegos, cómics o cine. Estas nuevas culturas, efectivamente están ensayando nuevas formas de leer y nuevos soportes de acceso a contenidos… peor también leen y aprecian los libros. Y también tienen su literatura y sus autores de culto. Y como es lógico sus desintereses: pasan de muchas cosas: como tu y como yo.
Ya no es posible verter opinión de calidad basándose en los propios derroteros interiores. Los lectores de medios globales en español estamos sedientos de contenidos de calidad que aborden derrotas hacia estas nuevas culturas, también desde puntos de vista como el tuyo. Sedientos de que se hable con conocimiento y experiencia, con innovación e incertidumbre, sedientos de que se relacionen cambios sociológicos con momentos filosóficos contemporáneos (o yo qué sé). Sedientos de que se hable y de que se expliquen estos nuevos actores, estos nuevos productos estos nuevos mercados. Y que luego de allí salgan nuevos libros… Así es como va a resolver su crisis la prensa de pago tradicional, la editorial, y todo aquel que esté en crisis: mejorando. Sirviendo… Con otras cosas, otros discursos, otras opciones.
¿Que hoy todavía somos pocos como para sostener el tránsito de lo industrial a lo digital? Mire usted, lo lamento: ya nos gustaría a nosotros poder ser sostenes de la transición. Pero somos un buen puñado, créamelo, como para que dejemos de gimotear sobre el acabose del libro y los desaires sociales y coyunturales hacia la lectura, y nos pongamos manos a la obra… Manos a la obra.
Dices que un buen libro es aquel que te hace levantar la vista… Pues imagínate la situación como si tras muchos buenos libros, muchos lectores anduvieran con la vista levantada… ¿Qué están haciendo?… Fácilmente aceptamos la realidad, acaso porque intuimos que nada es real, dice Borges. Y estoy de acuerdo contigo con que nos libraríamos de un número incalculable de cargas si apostamos que la irrealidad es la característica de la realidad, y que gracias a tomar la realidad por irreal o, simplemente, como dice Borges, intuir en silencio que cuanto sucede pertenece a la ficción, obtenemos un impulso de inmortalidad. Un impulso de salvación que nos exime gloriosamente de un sinfín de preocupaciones, desdichas y padecimientos.
Pues eso amigo Vicente, pues eso.